De las seis especies de flamencos que existen en el mundo, tres se encuentran en el cono sur de América: el flamenco austral (Phoenicopterus chilensis), el flamenco andino (Phoenicoparrus andinus) y el flamenco puneño (Phoenicoparrus jamesi). Las dos últimas especies son las que tienen una distribución más limitada en humedales altoandinos y pampeanos de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. En la lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), el flamenco puneño está clasificado como casi amenazada y flamenco andino como vulnerable. Ambas especies están en el apéndice II de CITES y el flamenco andino está listado como amenazado en el Acta de Especies


Amenazadas (Endangered Species Act) de EEUU (Caziani et al., 2007).
Se trata de aves (familia Phoenicopteridae con mecanismos de alimentación muy especializados (son filtradores) que forman grandes colonias de alimentación y reproducción, con números que alcanzan los
30.000 individuos. Su hábitat se restringe a lagunas salinas, salares y costas marinas. Su abundancia en los humedales varía con las fluctuaciones de conductividad, el pH y la densidad del agua, y la diversidad y disponibilidad de potenciales productos alimenticios
(Caziani y Derlindati, 2000), y para ajustarse a estas fluctuaciones, realizan migraciones de miles de kilómetros. En Argentina, los flamencos altoandinos utilizan alternativamente humedales de los Andes Centrales (periodo reproductivo de octubre a marzo) y las tierras bajas de la Pampa y el Chaco (abril a setiembre). Muchos de estos humedales están amenazados por presiones y actividades humanas.


Los flamencos altoandinos utilizan como hábitat primario humedales salinos que son sensibles a cambios en las precipitaciones y evaporación (Derlindati et al., 2014). Durante la temporada no reproductiva, grandes porciones de hábitat actuales utilizados por los flamencos se pueden perder. En las pampas,
el aumento en las lluvias documentado en los últimos años podría generar aumentos en los niveles de agua en los sitios de invernada y reducir la salinidad hasta quedar fuera del rango óptimo para los flamencos para adultos o crías. En los Andes en cambio, ocurre el proceso opuesto, la disminución de
las precipitaciones y aumento de la evaporación podría secar o aumentar la salinidad de algunos humedales actualmente adecuados pero someros y con pocas aguas abiertas. A pesar de la importancia de estos procesos, es mucho lo que aún se desconoce el impacto local del clima, en particular con respecto a las precipitaciones y al de condiciones en las que los flamencos pueden prosperar y sobrevivir. La mejor manera de mantener poblaciones de flamencos viables a largo plazo en un escenario de cambio climático
es proteger sitios claves que incluyan la heterogeneidad de hábitats utilizados por estas especies como Vilama, Pozuelos, Laguna Grande y Mar chiquita en Argentina, o Laguna Colorada en Bolivia (Caziani et al., 2007). Como parte de un grupo internacional para la preservación de flamencos (Grupo de Conservación de Flamencos Altoandinos), se propuso e implementó parcialmente una red de sitios clave para la conservación flamencos (Marconi et al., 2011) que incluye áreas protegidas, tierras privadas y tierras públicas.

Fuente: Derlindati, Enrique J. 2018. Los flamencos de los Andes. Serie Conservación de la Naturaleza 24: La Puna argentina: naturaleza y cultura, Eds.: H. Ricardo Grau, M. Judith Babot, Andrea E. Izquierdo y Alfredo Grau. Instituto Miguel Lillo, Pp. 180-181.

Diseño e ilustración: Dr Enrique Derlindati.

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